Hasta que llegó septiembre.
Comienza
la cuenta atrás para la “vuelta al cole”, y la sensación del trabajo realizado
tanto por el Ministerio de Educación, como el de la Consejería, es la del mal
estudiante que busca la mínima excusa para posponer el sentarse en la silla
para trabajar en la materia de la que se examina.
Una vez más queda demostrado que en
nuestro país da igual el color político, unos rojos, y los otros azules,
naranjas y verde envenenado, unos de izquierdas y los otros de derechas, la
realidad es que ni gobierno central ni autonómico son capaces de organizar un
inicio de curso con las suficientes garantías como para que la comunidad
educativa esté medianamente tranquila.
Este
tipo de situaciones son las que se dan en países en los que cualquiera puede
acceder a la política, y cualquiera, sea cual fuere su formación (contando con
que la tenga) o su experiencia laboral, puede gestionar las competencias de un
ministerio, consejería o concejalía de un ayuntamiento, bajo el único criterio
del cambio de cromos y del descarte.
Son
ya varios meses en los que la Ministra Celaá lleva lanzando la pelota al tejado
de los consejeros de las comunidades autónomas. Dirá la vasca, que la patata
caliente se la coman aquellos que tienen competencias en materia de educación,
demostrando un infinito desprecio y muy poca sensibilidad con los que verdaderamente
estamos y vamos a sufrir las consecuencias de su mala gestión, la comunidad
educativa.
En
la otra orilla, nos encontramos con la prepotencia de los que se creen
“todopoderosos” y hablan por encima del hombro, muy venidos arriba llegar a la
presidencia de la Junta de Andalucía sin haberlo ni imaginado. Esta prepotencia
les ha llevado a proponer situaciones tan ilógicas y tan poco planificadas como
limitar a un tercio o a la mitad el aforo en hostelería, o que las consultas
médicas sean telefónicas, pero sin embargo, el número de niños por aula siga
siendo el habitual. Se os ve el plumero, señoritos a caballo. El dinero público
es para gastarlo en los servicios públicos, y en este momento Educación
necesita de una fuerte inversión para conseguir una verdadera seguridad en las
aulas.
Aun
así, para ser “chulo” y prepotente, hay
que ser valiente, decidido y creer firmemente en lo que uno dice y hace, pero
todo esto dista mucho de la actitud del gobierno andaluz, que da un pasito
hacia atrás, exigiendo a Celaá que coordine lo que por competencias le
corresponde a Andalucía, sobre todo viendo como las direcciones de los centros
educativos, los inspectores y las inspectoras de educación de Andalucía, el
colectivo docente y, ahora también, las familias (con la iglesia hemos topado)
se plantan ante las mentiras de Imbroda y su equipo.
Me
da mucha pena que hayamos tenido que llegar a esta situación para que la
comunidad educativa camine unida, defendiendo al unísono lo justo, una
educación de calidad, con los recursos materiales, personales y sanitarios
adecuados y con unos mínimos de seguridad para que podamos asistir de manera
presencial a los centros e incorporar a nuestra labor docente aquello que se
pierde en la distancia, lo emocional, que es uno de los componentes
fundamentales del aprendizaje.
A
ustedes, los políticos, los que tienen en sus manos el futuro de millones de
personas, sean serios y coherentes, y tengan en cuenta que lo difícil no es
ganar unas elecciones, o llegar al poder sin ganarlas, sino el trabajo y la
gestión del día después.
Todo
eran risas… hasta que llegó septiembre.

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