Vicente de los Ríos.
6 de julio de 2020
Han
sido muchos los títulos que se me han venido a la cabeza para dar nombre a este
artículo de opinión: “Salvadores de la Patria”, “Abusadores de confianza”, “Gato
por liebre”, “Seductores de campaña”, “Engañabobos”… todos ellos para designar
a los que bajo las siglas de partidos políticos centralistas, mienten
impunemente a los que depositan en ellos y ellas su confianza, con la falsa
esperanza de que hagan lo que prometen para sus circunscripciones y no lo que
les mandan sus jefes en Madrid.
Si
esto no fuera grave, que debería serlo incluso a nivel judicial y que da para
otro artículo (prometer para ser votado y apoyar decisiones que en muchas ocasiones
van en contra de los vecinos y vecinas que han confiado en tí), se permiten la licencia de criminalizar a
los partidos nacionalistas, regionalistas o provinciales por, según ellos, “querer
romper España”, cuando los que están rompiendo el Estado en dos mitades, la
rica y la pobre, son precisamente ellos, los que anteponen su “status” y sus
sillones al reparto equitativo para cubrir las necesidades de todos los
territorios.
Los andaluces somos los que contamos
con mayor representación en el Congreso de los Diputados (61 diputados
andaluces, seguidos de los 48 catalanes), pero sin embargo somos la comunidad
líder en los peores índices y la colista en mejores. Líderes en paro, en tasa
de pobreza y en el furgón de cola en renta per cápita, por ejemplo.
A
la vista está y es fácilmente demostrable con datos objetivos, que las
comunidades autónomas, e incluso las provincias, con representación en las
instituciones nacionales con formaciones políticas de corte nacionalista,
tienen la capacidad y la fuerza democrática para exigir para sus territorios
aquello que proporcione mayor calidad de vida para sus ciudadanos, decisiones
que repercuten en la mejora de la sanidad, educación… servicios públicos en
general, así como contar con infraestructuras y recursos que generen un
incremento en el tejido productivo y, por ende, en la riqueza de esos
territorios.
En Andalucía seguimos confiando en
los que nos engañan, en los que nos utilizan para que sigamos siendo la hucha
que se abre y de la que se puede sacar para dar al hermano que más llora. Seguimos aplaudiendo en los mítines a los que nos
maltratan los siguientes cuatro años, a los que no son capaces de romper la
disciplina de voto de su partido cuando lo que se vota daña, perjudica o
discrimina a Andalucía. Seguimos siendo inmovilistas y sumisos.
En
Andalucía seguimos sin salir en la foto, porque los que están se despojan de la
Arbonaida tras la noche electoral, por más que nos quieran incluir con “photoshop”,
o en algunos casos con un dibujo a carboncillo, y seguimos pasando hambre
mientras otros se empachan, porque en el reparto de la tarta, nuestros
representantes andaluces ceden su porción a otras comunidades, bajo la mirada
amenazante de sus jefes, esos que le han dado la oportunidad de traicionar a su
tierra.
Se
han convertido en auténticos defraudadores de votos...

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