TÍTERES Y MARIONETAS.
Vicente de los Ríos.-
25 de mayo de 2020.

Que
la clase política del segundo país del mundo en número de muertes por COVID-19
por cada 100.000 habitantes (solo por detrás de Bélgica) dedique más de once
horas de un miércoles en el epicentro de uno de los mayores desastres sanitarios,
sociales y económicos que hemos vivido, a dedicarse improperios y palabras
“barriobajeras” en el foro donde los ciudadanos esperamos soluciones, viene a
dejar al descubierto las carencias de unos y otros, gobierno y oposición.
Pero
tienen la lección bien aprendida. Basta con echar la mirada atrás y alentar a
las masas para mover el foco y meter la basura debajo de la alfombra mientras
títeres y marionetas, de un color y otro, forofos al fin y al cabo, le hacen el
trabajo sucio a los que a diario los engañan y los mantienen sumisos a un
sistema con cuerdas muy cortas y que nacen siempre de cada uno de los 350
sillones donde, supuestamente, está representado el pueblo.
Estamos
perdiendo una gran oportunidad para romper esas cuerdas y girarnos hacia los
que nos alientan con su discurso populista, sentados en sus poltronas,
disfrutando de grandes privilegios sociales, económicos, sanitarios y
judiciales, ellos sí, mientras quien se “parte la cara” en la calle, lleva sin
ingresar un euro desde marzo, ha perdido familiares, ha sido despedido de su
empleo, va a tener que cerrar el pequeño negocio que daba de comer a su familia
y, en general, se le presenta un futuro, cuando menos, incierto.
Y
este es solo el principio. Pasarán los meses y el Estado intentará equilibrar
los pocos ingresos y los muchos gastos que se prevén, o que se deberían
ejecutar para mantener los servicios básicos y apostar de manera decidida por
la generación de empleo y la atención a la población con mayor riesgo de
exclusión. ¿Qué haremos entonces? Aviso a navegantes, volveran a alentar.
Mientras tanto, la mala gestión económica desde
Madrid se pretende paliar con el buen trabajo y la obediencia de los
ayuntamientos, reclamando el Gobierno los remanentes que los consistorios han
conseguido acumular de sus presupuestos municipales en los últimos años. Esto,
en el caso de Andalucía, la segunda comunidad con más paro del país, vuelve a
ser un nuevo ataque hacia los más vulnerables, hacia los más desprotegidos, ya
que no hay institución pública más cercana y que mejor puede dar uso para la
ciudadanía de esos fondos, que los ayuntamientos.
Al
fin y al cabo este tipo de situaciones están íntimamente vinculadas con el
nivel cultural y de conocimientos del pueblo, que son las armas que nos dotan
de los recursos necesarios para la toma de decisiones y el análisis crítico de
las situaciones que encauzan nuestras vidas. En este sentido, me vienen a la
cabeza los charlatanes vendedores de crecepelo, que hacían el agosto en cada
parada de su camino, donde su ferviente público esperaba ansioso la llegada del
mágico producto.
La solución a esta sumisión ciudadana pasa por las
escuelas y por la Educación, pero esto, si se me permite, será motivo de otra
reflexión.
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