El mes de julio, que gran parte de la sociedad piensa que es el primero de los tres meses de vacaciones que tenemos los maestros (no sé de dónde sacan el tercero), es uno de los que concentra más carga de trabajo, además, de esa que menos nos gusta, la parte de los “papeleos” y en el que tenemos que soñar con los personajes, los escenarios, el atrezo y los guiones que nos ayuden a que nuestro alumnado viva una experiencia lo suficientemente emocional como para que lo que queremos que aprendan, no lo olviden jamás (esto, a muchos románticos de la educación sí nos enamora más). En medio de ese idílico sueño, te despierta una pesadilla en la que mientras diseñas tu programación del próximo curso en Séneca, esa aplicación con más carencias que virtudes, en la que en numerosas ocasiones tenemos que “cumplimentir”, no te guarda el trabajo de horas, viendo tu cara de tonto reflejada en la oscuridad de la pantalla de tu portátil, por poner un ejemplo.
Julio, además, es un mes de una
incertidumbre enfermiza para miles de docentes que tienen marcado en rojo, de
un año para otro, el día en el que la Consejería de Educación juega con el
poder adquisitivo, la conciliación familiar, el trabajo en equipo del que tanto
se le llena la boca, etc. de profesionales
que quedan en manos de personajes que la última vez que pisaron un aula, la
televisión se veía en blanco y negro.
Ahí
es cuando empieza la guerra, pero con el objetivo más torcido que las escopetas
de la feria, porque las críticas y los ataques van dirigidos a compañeros y
compañeras de otras especialidades, en lugar de a los verdaderos artífices de tal atrocidad que está provocando que la
atención educativa del futuro de Andalucía, cada día cuente con menos recursos,
y en definitiva, nuestros niños, estén abocados a ser lo que ya he comentado en
varias ocasiones, unos sujetos sociales sumisos, incultos, que se creen la
barbaridad del que grite más fuerte o del que la diga con la expresión facial
más seria y con más ira en la mirada.
Los
“disparos” de los docentes deben ir orientados a los políticos, verdaderos
culpables de esta insostenible situación.
A
tal punto ha llegado el Marketing político, que hoy sufrimos como Consejero de
Educación en Andalucía a todo un ex entrenador del Unicaja, Caja San Fernando,
Real Madrid, incluso de la Selección Española de Baloncesto en Sidney
(seguramente haya sido tentado por Jorge Javier para ser analista en Sálvame),
pero que dudo mucho que recuerde el olor de una goma de borrar, o sepa soñar en
julio para hacer soñar a partir de septiembre.
Un Consejero de Educación que debe
ser garante de la defensa de los servicios públicos, que para ello es gran
parte del dinero que maneja en su Consejería, pero que es Socio Fundador de una
de las entidades educativas privadas de mayor crecimiento en los últimos años. Algo no me cuadra, aunque ya se escucha entre
Torretriana y San Telmo que tiene los días contados. Veremos en las manos de
qué próximo “Showman” dejan la educación de nuestra comunidad.
Otra
diana a la que apuntar deberían ser los sindicatos, esos entes subvencionados
de forma directa o indirecta por los políticos, copados por docentes a los que
le gusta muy poco la docencia (salvo honradas excepciones) y buscan salida
urgente de las aulas para cobrar por bailarle el agua a los que firman sus
subvenciones. Si por los políticos me invade la rabia, por estos vividores que
dicen defender a los trabajadores, siento nauseas.
Al final, los malos consiguen sus
objetivos, que los docentes equivoquemos el tiro para matarnos entre nosotros, mientras ellos, unos y otros, políticos y
sindicalistas, se llenan las barrigas, incluso con grandes mariscadas, sin
entrar en dónde acaban tomando el postre…
Nos siguen dividiendo y siguen venciendo.

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